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Sobre la formación del profesorado de Enseñanza Secundaria

11 Nov
Comienzo a reflexionar sobre un tema que me preocupa en mi nueva situación profesional y que en cierto modo me atormenta. ¿La formación del profesorado de Enseñanza Secundaria debe apostar por los contenidos pedagógicos o científicos? ¿Se intenta atender desde la administración a las demandas mayoritariamente expresadas por el colectivo o imponer una oferta diseñada con unos fines concretos? Y de ser predominante la última posibilidad, ¿cuáles son esos fines?

En mis doce años de docente he sido un participante activo en acciones formativas diseñadas por los CEPs a los que he pertenecido en cada momento: Motril, Granada y Cuevas del Almanzora, y sin hacer un estudio exhaustivo podría decir que mi impresión general es que ha habido una evolución en la oferta de formativa de las administraciones educativas. En mis primeros tiempos de docente era raro el año en que no aparecía algún curso aparentemente interesante relacionado específicamente con mi campo de docencia: la Geografía y la Historia. Eso no quiere decir que todos ellos cumplieran con las expectativas que sugerían los títulos, pero al menos se notaba una cierta intencionalidad de mantener vivos el espíritu y la vocación científica del profesorado de bachillerato. Por poner un ejemplo citaré los dos primeros cursos que realicé, en este caso organizados por el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, y que computan en mi curriculum 66 y 42 horas respectivamente: “Historia y técnicas historiográficas” y “Ayer y hoy de las estructuras del campo andaluz: problemas y alternativas”. Igual puedo equivocarme, porque no he hecho un análisis detallado de la oferta formativa de los actuales CEPs en los últimos cinco años, pero me arriesgo a pensar que títulos como los citados chirriarían mucho en la actualidad reciente.

En los últimos años, sin duda, la oferta formativa se ha diversificado y se ha abierto a campos en los que el profesorado de secundaria tenía serias carencias y necesidades. Yo mismo soy consciente de que los distintos cursos que he realizado sobre interculturalidad, convivencia, Nuevas Tecnologías, etc. me han ayudado en mi labor docente, y no abomino en modo alguno de este tipo de formación. Además, siempre se ha dicho, y estoy en parte de acuerdo, que el profesorado de secundaria se incorporaba a las aulas sobredotado de conocimientos científicos en sus disciplinas, pero falto de habilidades pedagógicas por las carencias de su formación inicial.

Ahora bien, asumiendo que la formación pedagógica y en habilidades sociales es vital para el profesorado de secundaria, ¿no podría mantenerse una oferta formativa que permitiera, a las personas que lo deseen, la posibilidad de mantenerse actualizadas o profundizar en sus disciplinas? Alguien puede responder rápidamente a esta pregunta con otra: ¿Para qué?

¿Para qué profundizar en un conocimiento científico innecesario para la labor docente a desempeñar? ¿Es que el profesorado de secundaria tiene alguna aspiración y posibilidad de promocionarse profesionalmente? ¿Tiene algo que aportar al avance de sus disciplinas más allá de aspectos meramente didácticos? Y ni eso, ya que para el avance de las respectivas didácticas contamos con una brillante nómina de profesores universitarios que nos alumbran el camino a seguir con sus publicaciones.

Y sin embargo yo pienso que, aunque sea por mera satisfacción y enriquecimiento personal, el profesorado de secundaria se merece que se le ofrezca, y se le reconozca como formación, la posibilidad de mantenerse actualizado y profundizar en sus disciplinas científicas, y que la administración debería facilitar y promocionar la labor investigadora de este colectivo. De otra forma nuestra sociedad despilfarrará un enorme capital humano e intelectual al que no se sabe quién, ni por qué, quiere reconvertir en un estricto educador sin vocación científica. Y yo me pregunto, ¿y para eso me exigieron cinco años de Licenciatura universitaria en Geografía e Historia? ¿Para eso nos hicieron superar una oposición en la que se exigía el mayor rigor científico en la exposición de los temas? ¿Es que alguien nos tomó el pelo y nos robó nuestro tiempo?

Siempre queda el consuelo de pensar que existió un Antonio Domínguez Ortiz, profesor de Bachillerato y, no obstante, uno de los mejores investigadores en Historia que ha dado el siglo XX en España.

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Publicado por en noviembre 11, 2006 en Sin categoría

 

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