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La norma, la razón y el corazón.

21 Dic
Hoy termino el trimestre de una manera un poco anticipada debido al fallecimiento de mi abuela, que me obliga a viajar a Granada un día antes del comienzo de mis vacaciones. De hecho ya debería estar allí, pero tenía la absoluta necesidad de dejar cerrada la convocatoria de un curso para el próximo trimestre, que en otro caso se habría quedado colgado. Es el primer curso que organizo por entero personalmente desde mi llegada al CEP, y no quería que por mi culpa se complicara.

En cualquier caso, para poder hacer el viaje junto a mi mujer tenía que esperar hasta las 20.00, puesto que aunque llevamos mas de 10 años de conviviencia nunca nos hemos casado, ni por la Iglesia, ni por lo civil ni por lo criminal. Tampoco nos hemos registrado en ningún sitio, así que oficialmente el fallecimiento de mi abuela no da derecho a Belén a faltar a su trabajo, que precisamente hoy termina con la evaluación de sus ocho alumnas de Diversificación a las 18.30. Normas son normas, y se puede pedir un favor y algo de comprensión al compañero Jefe de Estudios de turno, pero no exigir un derecho que no se tiene. En este caso, el compañero de turno es escrupulosamente estricto y no ha considerado la posibilidad de que Belén pudiera dejar las calificaciones de esas ocho alumnas al tutor, así como un pequeño informe escrito que pudiera leerse en la junta de evaluación. Desde luego, la postura del Jefe de Estudios ha sido estrictamente legal y acorde a derecho, así que nada puedo reprocharle. Sólo me queda esperar que semejante alarde de legalidad sea mantenido en todo caso, en todo momento y ante toda persona, porque de lo contrario uno podría llegar a pensar que las normas se miden con dos raseros distintos, según quien sea la persona ante quien hay que aplicarlas. Y eso jode mucho. Porque hasta la justicia, cuando no sabe ser humana, puede dejar de ser justicia y se convierte en mera excusa para premiar a los malos y castigar a los buenos.

Bueno, el tener que esperar hasta que Belén termine esta noche no va a cambiar en nada la muerte de mi abuela, y me ha dado ocasión para disponer de este rato y poder desear a todas las personas que puedan entrar por aquí una FELIZ NAVIDAD.

Vicenta Pérez Bollo. Descansa en Paz y únete donde quiera que sea con Juan Miguel Mendoza. Que el Universo os guarde en algún remanso donde podáis olvidar para siempre jamás y toda la eternidad el maldito siglo y el maldito país en que os tocó nacer, vivir y morir.

Que os acompañen las almas de aquellos a los que sin ver la cara pudiera haber matado en el frente Juan Miguel. Ni mejores ni peores que él, sólo menos afortunados.

Y que por nada del Universo aparezcan por allí las negras almas de todos los políticos que llevaron a este país a esa maldita guerra y a su larga secuela de venganza y odio.

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Publicado por en diciembre 21, 2006 en Personal

 

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