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ENTRE LA ESPALDA Y LA PARED

04 Mar
Entre mi espalda y la pared cada vez queda menos espacio. Esto se debe a que desde tiempo inmemorial, en vez de plantarme, dar la cara y responder a determinadas situaciones, he optado por dar un paso atrás y eludir el enfrentamiento. Me pasaba ya de niño, cuando en el colegio evitaba enfrentarme con los matoncillos y, llegado el caso, optaba por retroceder. Mi padre nunca fue de los de: “Si te pegan, pega”. Recuerdo haberle oído más veces aquello de “Más vale cobarde vivo que valiente muerto” o “tú intenta evitar tener que defenderte”. Pero claro, él es de otro tiempo menos civilizado que el nuestro, o tal vez es que como dejó la escuela a los 12 años no terminó de educarse en los valores de antaño, esos mismos que ahora imperan por doquier en esta sociedad y vamos a tener que intentar combatir a golpes de ciudadanía. Como mínimo, igual conseguimos que todos los alumnos y alumnas que terminen ESO sepan que ciudadanía no comienza por Z, como zapatero.

También en la Universidad di demasiados pasos hacia atrás. Recuerdo haber salido de un despacho mordiéndome la lengua después de recibir ciertas mofas respecto a un examen que quise revisar. Y no es que me molestaran las mofas, que también, es que me molestaba que vinieran de quien menos meritos tenía. Otra vez no pude aguantar un comentario de decepción en otra revisión de examen, y me costó ser expulsado sin miramientos de un despacho (al menos esta vez el profesor, aunque a mi parecer injusto en su criterio, sí tenía gran valía profesional). Curiosamente, cada episodio me sucedió con un profesor de distinta ideología, y es que, no nos engañemos, aquella generación se había educado toda con los mismos modelos, y hasta quienes más habían luchado contra el régimen, y lucen hoy por ello con gallardía medallas muchas veces autoconcedidas, terminaban repitiendo los únicos esquemas de autoridad que conocían: el ordeno y mando.

Igual que mi padre, en muchos sentidos, mi Maestro también trató de inculcarme el carisma de evitar todo enfrentamiento que no conduce a nada cuando no hay la menor oportunidad de vencer, aunque uno tenga la razón, o la razón esté con uno, que no es lo mismo. Pero, más que eso, mi Maestro también me ha enseñado a no buscar la revancha y a rehuír el enfrentamiento aun a sabiendas de estar en posición franca para obtener la victoria. Dedicar tiempo y esfuerzo a esas batallas absurdas, diría él, es perderlo en la tarea que más importa, que es investigar, formarse y formar, y dejar que el tiempo, o la Historia, sitúe a cada quien en su sitio. No es mala teoría, pero lo que me da miedo es que la historia la escriban siempre los mismos, vamos, los únicos.

Total, que ya me eduqué dando un paso hacia atrás en cada ocasión en que plantarme hubiera significado ponerme al nivel de quien, a mi entender, merecía como poco una respuesta contundente, y mi vida profesional, hasta la fecha, ha continuado por esos derroteros. Me he mordido los labios ante inspectores cazurros y caciquiles (ya no en activo, espero), ante algunos directivos y directivas cazurros y caciquiles, ante algunos padres y madres cazurros y caciquiles y ante algunos compañeros y compañeras cazurros y caciquiles. Tampoco he saltado, más recientemente, cuando en alguna reunión se han mofado de mí, no a sabiendas, claro, porque en determinados ámbitos algunas (y algunos) tienen plena confianza en que se pueden mofar de cierta clase de personas porque es impensable que alguien así forme parte de la reunión. Quizá debería haber levantado la mano y haber dicho: “Oye, yo soy uno de esos de los que te mofas”, pero como tampoco estoy seguro de ser de “esos”…

Pues eso, que no salto, no respondo, me callo y luego, en mi casa, imagino todo lo que podría, querría y debería haber dicho a determinada persona en determinado momento. Pero no lo dije, y di otro paso hacia atrás para dejar el camino expedito a quien se sabe ganador o ganadora de antemano. No hay como jugar en casa y tener los árbitros (o árbitras) a favor para creerse galáctica (o galáctico).

Y hoy (27 de febrero) he dado otro paso hacia atrás en mi despacho, cuando debería haber mandado a la calle a determinada individua que irrumpe exigiendo que se le consiga una camara digital urgentemente, que para eso somos el CEP. Y como resulta que la que tenemos está sin baterias y acaba de llegar una que no hemos desembalado, pues dice que si alguno tiene en casa que vayamos a por ella, que le hace mucha falta y que cómo somos, que no comprendemos su urgencia, que tiene que enviar a Sevilla una foto de sus alumnos para un concurso (no menciona alumnas, pero seguro que haberlas haylas). Por cierto, en su centro disponen de cámara digital, pero la tienen en un departamento que no está abierto por la mañana y nadie del centro puede abrirlo (lo cual no está mal para un centro tan marcial en otros aspectos). Ahora bien, los incompetentes o malintencionados somos nosotros.

Y os juro que si alguien me pide un favor con educación y respeto, cojo el coche, voy a mi casa y le traigo mi cámara. Pero es que no ha sido el caso. Porque subir a un despacho donde se está trabajando, irrumpir sin llamar y exigir una camara digital no son formas muy…, no sé, ¿educadas? de comportarse, y menos por parte de una persona que tiene la supuesta tarea de “orientar” al alumnado en su comportamiento. El problema es que yo no podía ir a mi casa a por mi cámara para prestársela a esta individua, porque mi camara estaba en su funda encima de la mesa del despacho de mi compañera, ya que se la había traído para que se la lleve este puente a Italia, y claro, como Teresa lo deja todo encima de la mesa…. Y ¿qué creéis que ha hecho esta educadora? Guiándose por su instinto de orientadora señala la funda y dice:

– ¿Qué no tenéis camara? ¿Y eso qué es?
– Es que no es del CEP, es de Juanmi.
– ¿De Juanmi? Entonces me la llevo y ahora la traigo.
– ¡NO!

Al fin un paso al frente. Esta vez sí, me planto ante la mala educación y la desfachatez, le digo que mis cosas personales no las presto y que busque la llave para conseguir la cámara de su centro, y que la próxima vez que entre que llame a la puerta, y que la próxima vez que tenga que pedir material del CEP se dirija a quien corresponde y en la forma que corresponde y rellene su ficha, y que la próxima vez que tenga que pedir un favor que lo haga con un mínimo de educación, y que….

– ¿Me la prestas no, Juanmi?
– Es que no tengo el cable de ordenador y no podrías pasar las fotos ahora.
– Bueno, las pasas en tu casa y me las traes después del puente. (Que digo yo, que si las fotos pueden esperar hasta después del puente para enviarse al concurso de Sevilla, también pueden hacerlas el mismo lunes con la cámara de su centro).
– Es que quedan 10 minutos para que me vaya y la cámara me la tengo que llevar.
– Tardo menos. Enseguida te la traigo.
– Es que se la dejo a un compañero que se va a Italia y las fotos irán en la pastilla y pueden no volver. No me hago responsable.
– Bueno, tú se lo explicas y que tenga cuidado. Entonces ¿cuándo te devuelven la cámara, el lunes?
– Sí, claro.
– Pues el lunes por la tarde en tu casa me las pasas a un disco y el martes vengo a por ellas, ¿vale?
– … Vale… Pero procura no tardar, que tengo que irme en 10 minutos.

Al final, otro paso atrás. Y no ha sido el único en la última semana, sólo el más espectacular. Total, que entre mi espalda y la pared ya casi no queda espacio y pronto sentiré el contacto físico en mis huesos. Y cuando sienta por fin que mi espalda toca la pared no será ya pared, sino paredón, y sólo quedará que me fusilen. Pero, quién sabe, tal vez ese rotundo y sonoro “¡NO!” que hoy me ha salido del alma, aunque fugaz e inutil, es un síntoma de que se acerca el momento de responder, de pasar a la acción y de no volver a dar ni un solo paso hacia atrás. Porque cuando entre la espalda y la pared no queda sino el sutil resquicio por el que apenas cabe la educación de quien tienes enfrente, llega el momento de o sacar las uñas o pedir la venda y aceptar el “¡Apunten ! ¡Fuego!”.

Bueno, si por un casual llegado el momento no saco las uñas, que alguien venga a darme el tiro de gracia, que algunas fusilan sin corazón ni sentimientos. Ah….. y algunos.

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Publicado por en marzo 4, 2007 en CEP, Personal

 

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