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SOBRE EL PROGRAMA DE CALIDAD Y MEJORA DE LOS RENDIMIENTOS.

10 Abr

Me había prometido a mí mismo no escribir en este blog sobre el Programa de Calidad y mejora de los rendimientos escolares… promovido por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, sobre todo porque he salido un tanto hastiado del tema tras los debates en mi centro y la posterior votación en claustro, que nos ha permitido aparecer en el Mapa de la dignidad elaborado por el sindicato APIA, formando parte, por supuesto, de los centros que no han aprobado participar en dicho plan.

Sin embargo, un artículo de Juanjo en su blog EFERVESCENTE2H me ha animado a poner por escrito algunas ideas personales sobre este tema. Debo anticipar que coincido en gran parte con lo que expone Juanjo, por lo que intentaré no repetirme. También debo anticipar que me encuentro profundamente triste cuando escribo estas líneas, no sólo por asuntos profesionales, y que espero no herir ninguna sensibilidad. Sobre todo, no quisiera que quienes mantienen una postura contraria a la mía se sintieran, como me he sentido yo en algún momento, atacados o despreciados por expresar libremente su opinión, que, como no podía ser de otra forma, me parece absolutamente respetable.

Antes de empezar dejaré claro que, como la mayoría de mi claustro, voté a favor de participar en dicho programa, aunque el sí no alcanzó la mayoría suficiente para su aprobación, lo cual nos ha permitido aparecer en el mapa de la dignidad elaborado por el sindicato APIA. Por cierto, me parece estupendo que dediquen tanto tiempo a difundir datos sobre el proceso de votación del programa, y que incluyan el nombre de cada centro que no lo ha aprobado. Pero, por favor, que cambien el título de esa página porque me parece excesivo que sólo se consideren dignos los centros docentes que han rechazado el programa. Casi seguro que hay tanta gente digna en los centros que lo han aprobado como en los que no lo han hecho.

Para continuar, diré también que tuve la paciencia de leerme la orden que regula el programa de calidad y, como es lógico, encontré muchos aspectos un tanto turbios y confusos. Sobre todo en los anexos finales, ya que me parece que incluso los responsables de la administración que informaron al equipo directivo de mi centro sobre el tema sembraron un mar de confusión en cuanto a los porcentajes de los valores de referencia y el peso establecido por los centros. En cualquier caso, resulta bastante desalentador y complejo ese tema de los porcentajes, y desde luego quien haya diseñado ese sistema tiene poco de docente (me juego algo a que lo han hecho expertos en organización de empresas).

Podría seguir señalando pegas o aspectos confusos que me llamaron la atención desde el primer momento, y por cierto, muchos de estos aspectos que me chocan no han llamado la atención de la legión de detractores que ha tenido el programa, ya que una inmensa mayoría parece haber cargado las tintas en la tan traÍda y llevada dignidad docente  y en el bulo de “cobrarás por aprobar”, así sin más. De todas formas, hay que reconocer que, desgraciadamente, malinterpretar, prejuzgar y repetir eslóganes burdos es la estrategia que mejor funciona para generar un estado de opinión. 

Ahora expresaré muy brevemente mi opinión sobre el tema, y así daré munición para quienes, desde uno u otro bando, quieran fusilarme.

– Creo que la Consejería ha estado muy poco hábil en la forma y el momento de plantear una cuestión vital para nuestro sistema educativo: mejorar la calidad de la educación que impartimos y los resultados académicos de nuestro alumnado.

– Si este programa no hubiera ido acompañado de incentivos económicos vinculados a resultados, fácilmente confundibles con cuestiones salariales, seguro que hubiera tenido una mejor aceptación. Hubiera sido mucho mejor dedicar el monto global del gasto que la administración está dispuesta a afrontar en este programa a incrementar el presupuesto y los medios de los centros que lo pongan en marcha. Seguro que eso también ayuda algo a mejorar la calidad y los resultados, aunque no sería la única solución.

– Si la participación en el programa hubiera estado abierta a grupos de un mínimo de profesorado (pongamos 10 personas por centro) que quiera trabajar en esa línea, seguro que se habrían aprobado muchos más programas de mejora y serían tan viables como los apoyados por 2/3 de un claustro. Me temo que a la postre siempre será una minoría la que se implique en esto. Y no habiendo gratificación económica igual los detractores no hubieran bloqueado la posible puesta en marcha del programa en muchos centros.

– Del programa me agradaba la idea de incrementar el trabajo cooperativo en los centros, de unir esfuerzos de gente que trabaja a modo de francotirador, de racionalizar y humanizar la gestión, de trabajar en serio por conseguir una mayor implicación de las familias, en fin, de proyectar las mejoras que cada centro necesite y sumar los esfuerzos de quienes quieran implicarse. Yo consideraba que decidir por qué y para qué queremos reunirmos y dedicar unas horillas más al centro y a nuestro alumnado no es ninguna burocracia impuesta, y que aunque fuera un grupo minoritario en cada centro, merecía la pena intentarlo.

– Una consecuencia negativa del debate en torno a este programa, no sé si intencionada o no, ha sido el generar divisiones y malos rollos entre el personal docente, el etiquetarnos, como hace APIA, de dignos e indignos, y el dedicar más tiempo a discutir sobre si sí o si no que sobre los verdaderos problemas de cada centro.

– Una consecuencia positiva de este debate, que me hace mantener la fe en esta profesión, es haber podido oír en el claustro de mi centro, que todavía conozoco poco por mi reciente incorporación,  a mi compañero Rafael proponiendo que aceptáramos la participación en el programa pero renunciando a la gratificación económica, y lo decía de corazón, que huevos tiene.

Bueno, en mi centro seremos dignos de aparecer en el mapa de APIA, pero estoy seguro de que este debate puede haber servido para que alguna gente indigna encuentre semejantes y, con programa o sin programa, se disponga a trabajar, en la medida de sus posibilidades y sin gratificación económica, en lo que verdaderamente interesaba de este programa: intentar mejorar la calidad de la educación que ofrecemos y los resultados académicos de nuestro alumnado. Igual no sabemos hacerlo, pero creo que es un objetivo tan digno como otros muchos, igualmente dignos y respetables.

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Publicado por en abril 10, 2008 en Sistema Educativo

 

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