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Vuelta a la gélida trinchera.

18 Sep

Bueno, ya se ha terminado ese año sabático que por enchufe me concedieron para tocarme los huevos, que es lo que parte de mis compañeros piensan del año que me he pasado a cargo de la enseñanza on-line del Ámbito Social de la ESPAD, y de dos grupos de educación semipresencial, en el IPFA de Granada;  cuyas siglas suenan a gloria a alguna gente que lo tiene como máximo objetivo de un posible traslado (pocos son los llamados a esa cena).

Y de vuelta en Cogollos, después de un año de poca o nula relación personal con colegas (el trabajo en el IPFA es muy solitario), y de atender a tanta gente desde una plataforma virtual,  el olor a sudor rancio de una clase de 3º de ESO a última hora de la jornada me ha parecido hasta hermoso.  Igual que ver las sonrisas en las caras de la audiencia después de una broma.  Este año, además, soy un privilegiado, vamos un enchufado que pensarán muchos, porque ni me quejo de mi horario, ni de los grupos que me han asignado; ni de cargar con la Jefatura de Actividades Extraescolares y una tutoría de Bachillerato, ni de tener 25 horas asignadas más una guardia de recreo, ni de tener que alargar la jornada escolar media hora… ¿Por qué me siento tan feliz a pesar de todo, mientras por doquier sólo oigo quejas y reproches?

No sé, creo que estar con adolescentes me gusta, y pensar que puedo dejar en ellos parte de mí me apasiona. Sé que de nuevo alguna vez sentiré ganas de estrangular a alguno, y que más de un día saldré deprimido de una clase pensando que ha salido fatal, pero cada año que pasa también sé que algo, aunque sea poco, he dejado en algunas personas, aunque sean pocas. Y eso me basta, porque además, serán mucho más numerosos los días que salga de clase con una sonrisa de oreja a oreja, porque, por suerte, todavía me lo paso mejor y me divierto más dando clase o estando de guardia con alumnos que en la sala de profesores.

Y es que entre lo que veo en mi centro (poca cosa, todo sea dicho)  y lo que me cuentan del inicio del curso en otros centros (algunas de juzgado de guardia), cada vez soy más pesimista sobre la capacidad del profesorado (yo incluido) para salir del pozo de mierda en el que, a veces merecidamente, nos han metido.

Si la errática, improvisada y desnortada política educativa que se hace en esta tierra (léase España o Andalucía) pretendía sumir al profesorado en el caos, la división y el desconcierto… va a ser el único objetivo que ha logrado cumplir. Yo ya me pierdo en tanto plan educativo de mejora, de innovación, de lectura, de paz, de compensación, de igualdad de género, de acompañamiento, de alingüismo (que es como se debería llamar en muchos centros al bilingüismo de todo a cien que nos venden)…. ¿Me dejo alguno verdad?

A mí me daría vergüenza tener que hacer planes extraordinarios para fingir que se cubren carencias básicas del sistema educativo, cuando se supone que era tan bueno que todo eso:  la paz, el respeto, la igualdad de género, la lectura, el deporte, etc. tendría que haberse desarrollado de manera sistemática si los currículos establecidos se hubieran cumplido en un 25%. ¿Ahora nos acordamos de fomentar la lectura? ¿Tan poca importancia tiene en los currículos establecidos? ¿Ahora nos damos cuenta de que una educación pensada para fabricar ciudadanos buenecicos pero no demasiado listos está aumentando las filas de los salvajes que denostan la cultura?

¿En qué hemos fallado? ¿Tan malo ha sido el diseño, tan mala la gestión, tan nefasta la aplicación?

Y lo peor de todo, lo que más me desespera, es que cada vez observo más comportamientos en el cuerpo docente que me recuerdan a cosas que, como gremio, solemos achacar a nuestros alumnos despectivamente: falta de esfuerzo, poco interés por la tarea, falta demasiado a clase y no trae los deberes, le ha faltado el respeto a los compañeros, como se va de botellón los jueves así viene los viernes, no hace lo que le mandan… En fin, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo, de momento, sólo puedo tirar una china, porque como todo Dios, alguno de esos pecados los he cometido alguna vez. Y seguro que reincido en alguno. Me desconsuela saber que tendría que ser creyente para que el reconocimiento de los pecados y el propósito de enmienda me los perdone.

Esto…. ¿qué quería yo decir?

Pues sí, que la Conejería de Educación tendría ya que ponerse seria de una vez con el tema de los horarios docentes, y dictar unas normas claras y objetivas para que se realicen por criterios pedagógicos, y no torticeros, de componendas, pago de favores o arma de destrucción personal. Si quieren fomentar en el alumnado valores como el esfuerzo, la igualdad de género, el respeto y la solidaridad, deberían vigilar primero que quienes tienen que enseñarlos los conozcan, aunque sea remotamente, y si puede ser que los practiquen, mejor.

Un criterio que yo aplicaba en los tres años que hice horarios (interinas llegadas tarde inclusive, que todos somos personas antes que esta u otra cosa), es que quienes tenían hijos pequeños que llevar y recoger del colegio tuvieran libres al menos las cinco horas de punta que eligieran. Los que no tenían hijos al menos tres. Y yo, que para eso  era directivo y era mi obligación estar allí, pues me ponía clase o guardia docente en todas las puntas que podía, y como el centro era pequeño,  eso liberaba a otras personas.

Yo creo que eso se debería establecer por orden de la superioridad. ¿No hablan tanto de fomentar la conciliación familiar y de apoyar a las familias? Pues joder, empiecen por su propia casa y no den lugar a que docentes con hijos pequeños a su cargo tengan que lamer culos o montar broncas para disponer, siendo absolutamente legal y posible, de una hora a la entrada o a la salida de la jornada docente para llevar y recoger a sus hijos. Si quitas 6 quedan 25.

¿Qué dinero costaría eso? Cero euros.

¿Que beneficios podría tener?

a. Hacer un poco más decente la confección de horarios y evitar algunas arbitrariedades.

b. Tener más contenta a una parte del personal, que puede verse aliviada y trabajar mejor.

c. Evitar ausencias, para mí totalmente justificadas.

d. Permitir a un niño o una niña que sea su padre o su madre quien le lleve y le recoja del colegio todos los días.

¿Cuántas veces se puede conseguir tanto por tan poco?

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1 comentario

Publicado por en septiembre 18, 2009 en Personal

 

Una respuesta a “Vuelta a la gélida trinchera.

  1. Elisa

    septiembre 25, 2009 at 4:45 pm

    Bienvenido a la trinchera, Juanmi. Tiene su punto, es verdad, yo al menos la veo más acogedora que un despachito. 🙂

     

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