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Canción triste de un vocal de oposición. (Relato breve en jornadas)

04 Jul

Jornada primera. Del primer día de pruebas horales (también orales) y de las enseñanzas prácticas que aporta.

Granada, 2 de julio de 2010

5.50 a.m. Suena en la alarma del móvil Soy un pobre granadino, de Los Planetas. Café y zumo,  porque espera una jornada larga. Nada sólido apetece a estas horas, aunque seguro que a las 11.00 me estarán sonando las tripas. Entro al baño, pero sin El País Semanal, que suelo leer a lo largo de la semana a golpe de retrete,  no sea que se me vaya el santo al cielo y llegue tarde el primer día.

A las 6.10 debo estar saliendo de Alfacar. Ventaja del madrugón: tendré sitio libre en la zona más cercana al IES Padre Suárez en la que no hay que pagar por aparcar, a unos 15 minutos caminando. A las 6.30 se camina fresquito por la avenida. Es un paseo agradable, aunque nada que ver con el que me estaría dando por el Parque de La Sierra de Huétor Santillán, como cada mañana de julio del año pasado.

Llego al centro  quince minutos antes del inicio de la sesión, un poco antes que el presidente, pero después que el grueso -tal vez la totalidad- de los opositores, y me da tiempo a tener mi rato de charla subversiva con las conserjes. Sé que tampoco lo pasan muy bien estos días, y al menos mis soflamas nos entretienen y hacen reír.  Llega el presidente y se activan los sensores: llaves, bolsa con las bolas, acondicionar el aula, programaciones del día en la sala…

Se citan los 13 aspirantes de la jornada y nadie ha faltado. Bien hecho. Si hay que suspender, que te suspendan otros, nunca tú mismo. Por otra parte pienso: -Hasta las 22.00 no estaré de vuelta en casa esta noche-, y sólo son las 7.00.

Mientras el primer aspirante novel saca las bolas y comienza su encierro, empezamos la mañana con dos exposiciones de compañeros interinos… La suerte está echada.

(…)

11.00. Descanso para café, suizo a la plancha y meada. Se necesita y se agradece la deferencia. Por supuesto, la cantina del instituto está cerrada, y hay que salir, pero afortunadamente estamos muy céntricos y la oferta es amplia y variada en las inmediaciones. Imagino que es un factor que se tiene en cuenta al elegir las sedes de tribunal. Se produce un intercambio de impresiones con los colegas sobre el desarrollo de lo que va de jornada, sin mencionar nada parecido a notas concretas, que no es bueno influir ni ser influido hasta el momento de la verdad.

De vuelta al aula de examen pasamos por delante del grupo de opositores que queda para el resto de la mañana. Espero que no me consideren altivo por no pararme a charlar, que me apetecería, pero me da palo pensar que puedo ponerles más nerviosos. También me da palo mirarlos fijamente al pasar, no vayan a creer que estoy empezando a evaluarlos antes de tiempo.  Conclusión: apenas saludo con un gesto cuando paso a su lado y después me siento gilipollas.

11.30. Comienza la segunda tanda de exposiciones del día.

(…)

14.30. La mañana ha terminado tras 7 horas de  escuchar opositores. Comienza la pausa para el almuerzo.

La mejor manera de definir el concepto de amplitud térmica es comparar la temperatura que había a las 6.30 de la mañana en mi trayecto del coche al Padre Suárez, con la que hay a las 14.40 en el mismo trayecto recorrido en sentido inverso, y para más inri, ahora cuesta arriba.

Llego al coche con la camiseta como un trapo de secar suelos y descubro que la cosa puede empeorar. Por la mañana, casi de noche, no caí en que a estas horas hace ya un buen rato que el coche está a pleno sol, y no le puse la protección.  Por suerte tengo aire acondicionado, pero el golpe de entrada y el tiempo hasta que comienzo a notar su efecto es demoledor. Cuando a los 20 minutos estoy llegando a casa la cosa es bien distinta, ahora el aire acondicionado  ha conseguido secarme o helarme parte del sudor. No, si al final cogeré una pulmonía.

Entro en casa un poco cascado de coco, pero me cambia el chip la llamada de los genes. Esa  voz infantil femenina que, en tono tirando a cochinillo degollado, grita:

– ¡Babbbaaa! ¡Babbbbba! ¡Abbba¡

Responde al nombre de Carmen Marcela, tiene diez y nueve meses y deduzco que esta mañana ha estado con su madre en la piscina de plástico que ayer montamos en el jardín. Me he perdido la inauguración, pero sus ansias de que la lleve al jardín y la manera de señalar la piscina me hacen saber que le ha gustado y lo ha pasado bien.

– No nena, papá no puede. Tiene que comer rápido y salir de nuevo a ganar dinerillos.

Hago con los dedos el consabido gesto, que ella asocia ya con papá saliendo de casa, y responde: -¡Nononononono! ¡Nononono!-, con cara de cabreo.

Bueno, no tengo mucho tiempo para hablar con Belén del día, porque son las 15.00 y a las 15.45 debería estar saliendo para no ir justo de tiempo.

15.45.  Intento cerrar la puerta con sigilo, pero el monillo pelúo me ha detectado.

– ¡Babbbbba! ¡Babbbbbaaaaa! ¡Abbbbbbbbbaaaa!

No podrá ser. Por suerte mañana es sábado y podré estar un rato con ella en el charco. (Nota del editor: El sábado 3 de julio en Alfacar se produjeron durante la mañana tormentas de convección. La tarde permaneció nublada y gris).

15.46. La última vez que tomo gazpacho estando de tribunal. Afortunadamente, no ha tenido tiempo de asentarse. Mezclarse con una buena dosis de café y agitarse en  el estómago antes de ser digerido harán que me provoque menos ardor… O eso espero.

16.05. Ahora tengo todavía menos problemas para encontrar aparcamiento en la zona H, que parece un desierto. El sol tampoco importa, porque a las 21.20 se habrá pasado el calor. Lo malo: que aunque el  trayecto del coche al Padre Suárez sigue siendo ligeramente cuesta abajo, como esta mañana, la escasez de sombra, unida a un sol que da de pleno, castiga al vocal que se encamina a iniciar la segunda parte de su sesión de trabajo.

16.20. Ya veo el instituto como náufrago que ve un oasis. Pero voy empapado de sudor y frito de sed, así que hago un gesto al colega Eduardo, que está ya en la puerta esperando, para decirle que voy a por agua.

16.27. Aparezco en la puerta del aula de examen y llevo un botellín para cada compañero. Enseguida se echan la mano al bolsillo, pero no merece la pena. –La próxima ronda que la vaya pagando otro…

16.30. Comienza la segunda parte de la primera jornada. Malas noticias. El aula que por la mañana era bastante fresquita (dentro de lo que cabe) ahora es un poco calentita. Las contraventanas deben permanecer cerradas y se trabaja con luz artificial desde las 16.30 hasta las 20.30, sin más pausa que los minutos que un opositor caritativo ha restado a su hora de intervención, y que han dado para una meada y un cigarro.

20.30. Estoy un poco nervioso. Me da cosa pensar que  mis calificaciones de la jornada difieran mucho del resto de los compañeros, que no haya sabido apreciar detalles que ahora se comenten, que no sea capaz de poner cara a la persona que se corresponde con el nombre y la media página de anotaciones que tengo sobre cada intervención… Cada número es un suplicio, una sentencia para las personas que han ido desfilando esta mañana por el tribunal.

Se pasa mal cuando el opositor lo pasa mal, cuando notas que él mismo piensa que lo está haciendo fatal, porque sabe que podría estar haciéndolo mucho mejor;  que empieza a sentirse miserable y querer ser tragado por la tierra simplemente porque ha titubeado al recitar el nombre de esas dos o tres leyes y órdenes que todos se sienten obligados a citar con absoluto dominio. Qué pena que nos hayan dicho que no podemos hacer preguntas, porque considero que como mejor se conoce a una persona, sus cualidades, virtudes y defectos, es conversando relajadamente, intercambiando opiniones e ideas… Pero eso seguro que sería demasiado subjetivo para decidir quién tiene mejor madera de docente. Así igual hasta entraba yo. Ah, pero si yo estoy ya dentro. Menuda suerte tuve, pienso, cuando veo desde dentro lo complicado que es esto.

21.00. Hemos dejado las notas del día puestas en el acta y salgo para casa. La cuesta arriba por la noche se hace más liviana, pero el cuerpo, después de tantas horas sentado, la sufre igual. Por suerte, las flatulencias acumuladas durante la tarde favorecen la propulsión del vocal de oposiciones cuando la energía motriz muscular comienza a fallar. La naturaleza es un diseñador inteligente, como el que ha diseñado este proceso de oposiciones.

21.45. Estoy consiguiendo pasar por la puerta, y para mi suerte emocional, pero para mi desgracia física, lo primero que oigo es:

– ¡Babbbbbbbaaaaa! ¡Babbbbbbbbbaaaaaa! ¡Abbbbbbba! ¡Abbbbbbba!

– ¿Todavía está despierta?

– Sí. Como estaba entretenida jugando la he dejado para que la vieras despierta un rato.

– Habéis estado otro rato en la piscinilla por la tarde, ¿no? Uhhhh, uhhhhh, uhhhh. ¿Cómo hace el monillo pelúo? ¿Has visto la luna hoy? ¿Salimos al jardín a ver el monte de los lobos?

– Ttii.

Nota 1: Este pequeño relato no está basado en hechos reales. Describe situaciones laborales que todos sabemos que en la Andalucía del siglo XXI forman parte del pasado caciquil presocialista.

Nota 2, derogatoria: La nota 1 debe entenderse como parte del relato, pura ficción pseudoliteraria.

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10 comentarios

Publicado por en julio 4, 2010 en Actualidad, Oposiciones, Personal

 

10 Respuestas a “Canción triste de un vocal de oposición. (Relato breve en jornadas)

  1. Elevalunas Ecléctico

    julio 4, 2010 at 11:03 am

    Realmente tu relato es muy triste. Me indigna sobremanera que esto sea así y que nadie haga nada por evitarlo, porque al final siempre se juega con la buena fe y la profesionalidad de los explotados-esclavos (que como ya se sabe salvan los muebles de la administración considerando la situación de los opositores antes que la suya propia). Te animo en tu denuncia y ten por seguro que haré lo posible por extenderla entre todos mis contactos que tengan algo que ver con esta profesión. ¡Esto no se puede permitir!

     
    • juanmimen

      julio 4, 2010 at 12:23 pm

      Hola Ecléctico.

      Hazme una cancioncilla sobre el tema y te invito a una cena vegetariana en Alfacar…..

       
  2. Laurita

    julio 4, 2010 at 11:08 am

    Muy bueno. No sé si prefiero estar en este lado o en el que el sufrido narrador de este relato ocupa. Magnífica recreación literaria. Saludos.

     
    • juanmimen

      julio 4, 2010 at 12:21 pm

      Laurita. Pese a todo lo que me quejo, sin duda alguna se está mejor en este lado. Te lo digo por experiencia porque he estado ya dos veces en cada lado. Yo sé que esto terminará y me esperan mis vacaciones de verdad, la nómina de cada mes y, a partir de septiembre, la vuelta a un trabajo que me encanta y de cuya paga (7% más o menos) no me quejo.

      La inmensa mayoría de vosotros, incluso mucha gente con excelentes cualidades, ilusión y ganas, después de esto tendrá que ponerse a pensar qué hacer hasta dentro de dos años (si hay suerte y la crisis no lo impide). De verdad, el que yo haga chuflas de mi situación no quita que comprenda totalmente que la vuestra es mucho peor…

      Que la fuerza te acompañe. Mucha suerte.

       
      • Laurita

        julio 6, 2010 at 4:33 pm

        Muchas gracias, de nuevo, por el relato y por los ánimos. Aquí estoy, con mi defensa por delante (aunque creo que no hay mucho por “defender”), con este calor y este hastío existencial tras nueve meses consagrados a aguantar exclusivamente a primeros y segundos de ESO. Lo peor es que, cuanto más estudio, más me cuestiono si quiero seguir embarcada en esta empresa. Será el calor que me está atontando…

        Un saludo.

         
      • Laurita

        julio 6, 2010 at 4:34 pm

        Por cierto, quedas invitado a visitar mi blog cuando quieras. ERes invitado de honor.

         
  3. Loannag

    julio 4, 2010 at 12:47 pm

    Como compañera “suertuda” por haberse salvado de este suplicio hasta ahora, me he quedado atónita al conocer vuestras condiciones de trabajo. Es absolutamente lamentable e indignante. Coincido con el comentario anterior en que únicamente nuestro sentido de la responsabilidad y respeto por opositores, alumnos, etc. mantiene este sistema tan ruinoso. Pero quizá sea hora de plantearse mostrar menos responsabilidad y mayor combatividad para hacerle ver a la Administración que hay un límite, una línea roja que ya se ha cruzado. ¡Ojalá llegue el momento de la unidad entre todos los compañeros – pronto – que nos dé fuerza y voz ante Junta y Gobierno! Participaré dando difusión a estas informaciones. Saludos.

     
  4. Luis

    julio 4, 2010 at 2:06 pm

    Leyendo tu narración, me siento identificado, compañero.
    También soy vocal de tribunal, y pienso en las 2 semanas que tengo por delante y dan ganas de temblar: jornadas de 13 horas, calor…

    Considero que el proceso falla, no es de recibo tener que corregir 110 exámenes en 4 días. Espero haberlo hecho muy bien, pero no son las condiciones. Los opositores se merecen tener correctores despejados, no presionados por el tiempo.
    También es indignante las horas de orales, por supuesto que intentamos ser lo más justos y honestos posibles. Pero somos humanos, no máquinas. Y solamente bajando la ratio de opositores por tribunal se puede hacer del proceso algo más llevadero.
    Por el bien de todo.

    Gracias por compartirlo compañero.

     
  5. rodriguillo

    julio 6, 2010 at 10:44 am

    Muy bueno juanmimen. Yo soy opositor novel, en mi primerísimo año, y la verdad es que cada día descubro un paso más de este proceso odioso que son las oposiciones.

    Cuando hice el examen escrito “conocí” a los profesores (espero que futuros compañeros de profesión) de mi tribunal y la verdad es que había de todo: el chico simpatico y chistoso que nos relajaba, el hombre ya mayor serio con cara de póker que nos dejaba a cuadros, el serio y con un sentido del humor extraño que nos dejaba boquiabiertos, la chica dulce que recitaba nuestros nombres con paciencia y dedicación, …

    Yo también daría todo por pasar a ese otro lado tuyo, pero supongo que esto es un proceso de algunos años y de mucha devoción y dedicación. Muchas gracias por recordarnos que las personas del tribunal son profesores normales y corrientes porque, aunque todos lo sabemos, se nos suele olvidar.

     
  6. Caliban

    julio 14, 2010 at 11:07 pm

    Hola Juanmi. Es verdad lo que dice Rodriguillo: las personas del tribunal son personas normales. Es decir que entre ellas hay auténticos hijos de perra, y hay otros que son extraordinarios.
    Debo decir, por la experiencia que tengo, que la mayoría de los que están en tribunales suelen pasarlo bastante mal. Porque han sufrido la angustia del opositor en carne propia. Porque ven a los opositores sufrir y empatizan con ellos. Porque cualquiera que sea el sistema de selección, siempre parece injusto. Porque siempre queda un regustillo amargo sobre la actuación de uno…
    De todas formas, amigo Juanmi, quiero que sepas que yo ya sabía lo bueno que eres como maestro. Y ahora también sé lo bueno que eres como cronista.
    Que te sea leve, y que te quede tiempo para disfrutar de tu hija.
    Un abrazo, Compañero.

     

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