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Archivo de la categoría: Oposiciones

Canción triste de un vocal de oposiciones (Epílogo)

El vocal necesita quiromasaje, y tal vez fisioterapia.

Jornada última y definitiva… En la que el vocal desborda de gozo porque ha sobrevivido a las pruebas orales y comienza a reflexionar sobre la evaluación final del proceso, habida cuenta que la evaluación inicial y las procesuales fueron de pena.

¡Por fin! Ya puedo decir que lo peor ha pasado. Quedan dos días, uno de papeleos y otro de atención al opositor, que por lo que me dicen que puedo hacer (no decir nada) más bien debería llamarse de ¡Atención! ¡Al opositor! Pero imagino que en esos días, y con un fin de semana por en medio, mi espalda podrá volver a recuperar su posición inicial.

De vuelta a casa a las 17.00, sin comer, y soy el más feliz del mundo. Nada podrá mitigar el alivio que siento, por más que se empeñen los Hados. Nada podrá acabar con mi felicidad. Ni que al salir a las 15.30 haya descubierto que se me ha llevado el coche la grúa. Ni que haya tenido que esperar a pleno sol el autobús que me ha llevado hasta cerca del depósito. Ni los 90 euros que he pagado para retirar el coche, que han tenido a pleno a sol desde las 10.00. Ni los 200 euros de multa, que se pueden quedar en 100 si pago pronto. Ni que al llegar a casa la tenga recién liberada por la cuadrilla de pintores que ha operado en ella esta mañana. Ni que Belén se haya ido y me haya dejado a cargo de la limpieza. Ni que el monillo pelúo esté con sus abuelos en una piscina de verdad y probablemente vuelva dormido. ¡Bah! ¡Menudeeeeencias!

Hoy me siento activo y significativo,

global y transversal,

flexible, integrador,

participativo y motivador.

Hoy me siento

curricular.

(Nota 1)

Vamos, que estoy de puta madre en lo que a mí se refiere, pero inevitablemente algo jodido pensando en tantas personas que han desfilado ante mis ojos de inquisidor en los últimos días. La inmensa mayoría no siente alivio todavía, y muy pocos lo hallarán mañana cuando sepan las notas. Más de el 90% sabrá que su oposición no ha terminado, solamente fuera continuao. Pocos son los elegidos y espero, en lo que a mi conciencia se refiere, que sean de entre los mejores, de entre los que han sabido aprovechar mejor sus virtudes y encubrir sus fallos. Y que haya de todo un poco: gente más bien ilusa y soñadora que cree en los mundos de yupi, cerebritos que se aprenden lo que le eches, buenos vendedores de humo, buenas personas, vividores, sufridores… Por favor, sean quienes sean, que no sean todos iguales, que siga habiendo diversidad en los claustros, que quepa gente de izquierdas y de derechas, del centro y de arriba, de dentro y de afuera, con variedad de acentos, feos y guapos, cuerdos y chiflados… Es lo único que le da vidilla a esta profesión, el cashondeo y el entretenimiento que provoca el tener que volverte loco buscando gente afín a ti, o enemigos con los que mantener continuas batallas queriendo demostrar yo qué sé qué.

Miro mi libreta, ojeo las anotaciones sobre cada opositor y me vienen a la mente algunas caras. Pocas. La mayoría no son de personas que brillaron, predominan las de quienes naufragaron y quisieron que la tierra les tragase en un momento dado. Siempre he sentido más atracción por los perdedores, me generan más cariño. Tal vez es lo único que me ayuda a quererme tanto a mí mismo.

Bueno, empiezo a pensar en tantas cosas que no me han gustado de todo este proceso y creo que las oposiciones me van a joder todavía algunos días más, los que tarde en poner por escrito una reflexión más seria y ordenada sobre el tema. Muchas cosas no me han gustado, pero tampoco tengo claro si puedo mencionarlas, porque igual forman parte del secreto que debo guardar. Que digo yo, una administración  que obliga a guardar en secreto sus actuaciones es que debe tener la conciencia poco tranquila. Ah, ¿que eso es así en todas las administraciones del mundo? Entonces me callo.

De momento, una primera duda me asalta, y no desvelo ningún secreto porque me pregunto algo que no sé. De verdad. ¿Cómo se  designa a los miembros de las comisiones de baremación y de evaluación de los informes? ¿En qué bombo hay que apuntarse? ¿Cuántos días de trabajo les ha llevado corregirlos? ¿Trabajan con aire acondicionado? ¿Cuántas horas al día? ¿Comen en su casa? ¿A qué dedican su tiempo libre? ¿Tienen la espalda echa una mierda de pasarse diez o doce horas al día sentados?¿Tienen el estómago en otra provincia, como yo?

Perdonad la lluvia de ideas, es que me han convencido…

Bueno. Sus dejo.

En el día de hoy, cautivo y desarmado el vocal, han alcanzado los gebollas de Torretirana sus últimos objetivos docentes. La Oposición ha terminado.

Nota 1. Este es el anticipo de mi tercer o cuarto libro, que espero que me cuente para concursos de traslados, publicado por la prestigiosa editorial motrileña “mipollabooks.coooom”, recientemente fundada por mí. En concreto este poema se incluirá en el libro Illo. Pssss. Illo. Cusha, que recopila una serie de tres poemas breves, en versos de arte menor, que abordan desde distintas perspectivas el tema de la no-existencia.

 
 

Canción triste de un vocal de oposiciones (y 5). Esto se acaba…

Jornada penúltima. En la que el vocal sueña con ser consonante, reflexiona sobre el fin que se avecina y divaga sobre  otras zarandajas típicas de humanos.

Falta un día para que acabe el infierno de las pruebas orales, sin mititilla de metáfora, y no puedo creer que haya podido comer en casa, darme un baño con la niña, echar una zosquilla (corta) en el sofá y pasar la tarde divagando al jardín. No, si al final mi presi tenía razón: – Esto no es tan duro como parece.  Y es que cuando el primer día preparamos las convocatorias de todo el proceso daba miedo ver los horarios. Tampoco puedo creer que me haya vuelto tan malo, porque he llegado a alegrarme esta mañana cuando al pasar lista a las 6.55 faltaban cinco opositores. La pena, la compasión que debería sentir al pensar en una persona que ya desde el inicio ha debido tirar la toalla, se ha esfumado a estas alturas. Ya sólo hago cuentas para ver a qué hora terminaremos y me brillan los ojos cuando compruebo que, por fin, un día se ha producido una ausencia significativa de gente, y que, aunque tarde, hoy comeré en casa y no tendré que volver… Empiezo a darme asco, pero es que cuando se tiene la espalda como el mango de una espiocha todo se ve de otra manera.

Por fin esto está a punto de terminar y dejaré de ser vocal, con suerte para el resto de mi vida. Y volveré a ser consonante, que no sé muy bien en qué consiste, pero se parecerá algo más a ser persona. Me olvidaré de todo y a partir de ahora mi única preocupación por las oposiciones será la de intentar librarme cada convocatoria de entrar en el bombo, y si tengo que entrar y por mi mala suerte me toca, buscaré la manera de zafarme, que este año he aprendido muchos truquillos. Porque estoy seguro de que dentro de dos años podrán cambiar el sistema de oposiciones en lo sustancial (que falta hace) pero seguirá funcionando igual en lo esencial: a quien le toque de vocal va sudar sangre por un precio módico. Oiré quejas desesperadas, como las mías, y sentiré pena por esa gente; pero no será mi problema, como no es de nadie el mío.

Y bueno, ya me quedan sólo 9 horas de audición, que si le echaran una foto a mi tribunal parecemos el jurado de la escuela de Fama, la de la serie de los ochenta. Nos falta ponerle una malla de ballet a Juan De Dios y que por la mañanas a las 7.00 diga eso de: “Ustedes quieren ser funcionarios…, pero ser funcionario cuesta…”, golpeando con una regla en la tarima del aula más fresquita del Padre Suárez (su puta madre – del aula, ojo).

Y vaya que si cuesta ser funcionario docente… Tienes que haberte gastado una pasta durante años para estudiar en la Universidad, más pelao que la picha un mono o con trabajos vacacionales para sacarte un dinerillo y no sentirte hasta los 23 años como una rémora que tiene que extender la mano cada viernes para que unos padres que no saben lo que es tomarse una cerveza fuera de casa desde hace años te den 200 pesetas para el fin de semana (lo siento, pero el alma no me pedía coma, y Gramática no obliga).  Habrá que estirarlas para conseguir estar con los amigos y aguantar su ritmo de 1.000 pesetas en el bolsillo.

Y cuesta más si has elegido una carrera de letras, Historia pongamos por caso, porque terminas con 23 años la Universidad y poco trabajo hay disponible mientras se preparan unas oposiciones, y no te digo si te ha tocado terminar justo en la cíclica crisis de turno: la del 74, la del 91, la del 10. Y ya piensa uno en los años que le quedan de extender la mano cada viernes, esperando las ahora 500 pesetas. Y ya si te dicen que tienes opción para obtener una beca y comenzar los estudios de Doctorado en Edimburgo, con un poco de esfuerzo adicional de tus padres…

Y vuelves, con un expediente brillante, una prometedora tesis por comenzar y una mano atrás y otra delante, presto a seguir extendiendo la mano cada viernes para coger las ya 1.000 pesetas, que tienes novia y no está bien que te tenga que invitar siempre… Cosas de la sociedad abierta en qué vivimos. – Mira que echarte una novia que también ha estudiado Historia, decía mi madre.

Total, que tras cuatro años de flirteo con la tesis, y por pura chorra (SÍ, NO LO NIEGO, NO LLEVABA NI CINCO TEMAS), accedes a la función pública y a los 28 años te ves posibilitado incluso para ayudar a tus padres y para salir del nido. Pero te acuerdas de que tienes pendiente una Objeción de Conciencia, que le debes al corrupto gobierno de González 13 meses de trabajos forzados gratuitos por no querer hacer 8 meses de instrucción militar. Y te enteras de que no puedes simultanearlo en tu tiempo libre con el trabajo, porque como eres funcionarioooooo… Si fueras trabajador privado…, o funcionario de primera, profesor universitario, por ejemplo, que los tuve de compañeros de objeción y no dejaron de trabajar y cobrar.

En fin, que cuando a los 30 años empiezas a ver el fin del tunel, y  te lanzas a compartir nido, miserias y alegrías con una profesora de Matemáticas que está como una cabra, pero que la quieres un montón; piensas que todo lo que te ha costado, todo lo que llevas gastado y has dejado de ganar por formarte, ha sido la mejor inversión de tu vida, porque te ha permitido, con un gran empujón de Fortuna, acceder al trabajo más bonito del mundo, por mucho que los mancajes de Torretirana se empeñen en hacerlo feo (¡Fueran jugao un rentoy de vez de meterze a ehhto!). (NOTA 1)

NOTA 1. Estoy terminando de escribir una Breve Gramática del Motrileño en jinco o jaih ohah . Pero me ha dicho un colega que si busco la manera de llegar a las diez o doce  páginas me la publica  alguien por un precio módico y me cuenta para los concursos de traslados.  Ya que los libros  y todos los artículos de Historia que escribí no cuentan  (porque no me sale de los cojones  ponerme a pedir certificados de cosas escritas en algunos casos hace casi veinte años), debería probar con este nuevo sistema de publicar. Es curioso, las dos veces que presenté solicitud a plazas de ayudante universitario les bastaba con fotocopias de los índices en las que figurara el ISBN o el ISSN, que algunos lo tienen hasta sin saber qué es eso. Bueno, por mi parte, como ya estoy donde quiero estar y de momento lo de los traslados me importa un chifle, prefiero mantener mi casilla de publicaciones a cero, no vaya a ser que alguien se crea que soy un autor a la moda. Aunque lo que tengo publicado también me costó el dinero, en mi caso tuve que añadirle mucho esfuerzo y mucho coco.

Ay, como me pierde la inmodestia.

 
 

Canción triste de un vocal de oposiciones (4). Programación y coordinación TIC.

Jornada n. En la que el vocal reflexiona sobre la importancia de improvisar frente a la de programar, y tiene un minuto de reflexión sobre el insulto a la inteligencia que resulta la justificación del Consejero sobre la reducción de las horas de dedicación a la coordinación en los Centros Tic.

No sé cuantas veces he oído en los últimos días que programar es muy importante, que hay que tener una buena programación para evitar caer en la improvisación (divino tesoro lamentablemente tan denostado). Seguro que muchos preparadores  de opositores (ojo, no he dicho depredadores de opositores) han remarcado hasta la saciedad esa cantinela, que parece que alguien se ha empeñado en que todo futuro nuevo docente tenga clara.

La Consejería quiere que todo el mundo se pase la vida programando, que los ordenadores y AZs se llenen de tochos que no olviden tratar todos los aspectos políticamente importantes. Lo que se diga en la letra pequeña, poco importa, nadie se lo va a leer,  lo que cuenta es que las programaciones del Plan Anual sean cada vez más densas, las de aula también, por qué no. Y mete más datos cada año en la memoria final del Departamento y la Tutoría, y más explicaciones de por qué leches se te ha ocurrido suspender a ese alumno, por escrito, bien detalladas, que aunque nadie se lea todo eso, puede ser una fuente histórica dentro de varios siglos. Y algún estudioso de la Historia de la Educación, posible preparador de opositores del momento, dirá que fuimos la generación que dedicó más tiempo y recursos a la Educación, la que tenía el profesorado más motivado y trabajador, que a juzgar por todo lo que programaba y supuestamente ejecutaba se dejaba el alma en su trabajo.Fuimos la generación que creó Centros Educativos paradisiacos, donde la paz, el bilingüismo, la igualdad de oportunidades, el respeto a la mujer y el laicismo impregnaban el ambiente, y se dotó al docente de las mejores y más innovadoras tecnologías, que permitieron parir la generación que debía salvar al Planeta Tierra del desastre al que se encaminaba.

En fin, dejemos el tema de Historia de la Educación, nº 74 de los propuestos en  las oposiciones de Secundaria Galáctica del 2320, que sólo en ese tema y algún que otro detalle se diferencian de las de este lejano 2010. (Ya me he liado con los tiempos verbales, cachis)….

A lo que iba, que mediante una lluvia de ideas, o una tormenta de floreros, alguien trata de conseguir que el docente y el futuro docente sea consciente de lo malo que es improvisar, y lo necesario que es programar. Sinceramente, yo creo que quien no sepa improvisar en esto de la enseñanza (sí, no hablo del aprendizaje) está condenado a naufragar en los tiempos que corren,  porque la Consejería improvisa de una forma que es imposible programar nada que no haya que trastocar mañana. Que le pregunten a las directivas de los Centros TIC y Bilingües, que a quemarropa descubren que tendrán que replantearse toda la plantilla de un mes para otro. Ya podían haber ido dando pistas desde mediados del pasado curso.

Bueno, aún reivindicando la importancia del improvisar, teniendo en cuenta que programar me gusta, aunque sea a mi forma tan caótica, y que para poder programar necesito unas reglas de juego claras y estables;

SOLICITO

Alguién tenga a bien conceder los altos puestos de la Consejería por Concurso-Oposición. Y que en el temario le dejen bien claro a las personas aspirantes que es importante programar para no caer en la improvisación. A ver si así surge una administración que, mejor o peor, planifique qué coño quiere hacer o qué pollillas puede hacer, y trate de llevarlo a cabo sin bandazos.

Bueno, aunque estoy espeso, cualquiera que esté al tanto del tema enunciado en el título igual puede entenderme. En cualquier caso esto se lo dedico a los dos Coordinadores TIC con los que he trabajado: Tomás y Manolo. Nosotros somos contingentes, solo vosotros sois necesarios…

 
 

Canción triste de un vocal de oposiciones (3).

Jornada de reflexión a punto de llegar al ecuador de las pruebas orales. De la justa reclamación del reconocimiento de horas de formación y de las competencias básicas que adquiere el vocal de oposiciones…

La autoridad supuestamente competente que diseña y dirige los procesos de acceso a la función docente (las oposiciones, vamos) debería recapacitar sobre la manera de hacer más atractiva para el profesorado la participación en los tribunales de selección, dado que todo el mundo sabe que, salvo raras excepciones que ellos sabrán a qué se deben, el común de los mortales intenta por todos los medios eludir, por lo civil o lo criminal, esta carga que te toca tras un sorteo cuyas reglas y mecanismo no entiende ni Dios.

Una sugerencia que hago, como funcionario aplicado que se ha leído el Estatuto Básico del Empleado Público (Ley siete, barra, dos mil siete, de doce de abril), especialmente el apartado 10 del artículo 54 que señala que los empleados públicos  pondrán en conocimiento de sus superiores o de los órganos competentes las propuestas que consideren adecuadas para mejorar el desarrollo de las funciones de la unidad en la que estén destinados (vale, pongo una coma para que respires), es que las horas de asistencia a tribunales de oposición computen como horas de “formación”.

Nadie puede negar que todos los vocales estamos recibiendo un cursillo intensivo y condensado sobre: legislación educativa, apartados de una programación didáctica, diseño de unidades didácticas, elaboración de actividades, bibliografía y sitios web de interés educativo…., etc., etc.

Pero, sobre todo, deberían tener en cuenta lo mucho que estamos aprendiendo sobre competencias básicas, y además de un modo absolutamente significativo y constructivista, como le gusta a la autoridad competente, aunque sea la que menos aplica estos principios a su práctica.

A modo de breve resumen, veamos todo lo que ha aprendido este vocal de oposición en los últimos cuatro días ( y lo que le queda por aprender en los seis que vendrán).

1. Competencia en comunicación lingüística.

Esta competencia se refiere a la utilización del lenguaje como instrumento de comunicación oral y escrita, de representación, interpretación y comprensión de la realidad, de construcción y comunicación del conocimiento y de organización y autorregulación del pensamiento, las emociones y la conducta.

Esta competencia la he trabajado básicamente usando el leguaje oral y escrito en infinidad de quejas que estoy comunicando (para nada)  desde que empezaron las pruebas orales, autorregulando mi pensamiento y emociones para no proferir exabruptos y blasfemias. También he aprendido que desahogarte con el lenguaje ayuda a regular la conducta para no incurrir en comportamientos que podrían constituir delito, como por ejemplo el incendio intencionado. Por mi cuenta he añadido un poco de competencia en comunicación gestual, porque aunque no podéis verlo ahora mismo le estoy haciendo un soberano corte de mangas a quien corresponde…

2. Competencia matemática.

Consiste en la habilidad para utilizar y relacionar los números, sus operaciones básicas, los símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático, tanto para producir e interpretar distintos tipos de información, como para ampliar el conocimiento sobre aspectos cuantitativos y espaciales de la realidad, y para resolver problemas relacionados con la vida cotidiana y con el mundo laboral.

Esta competencia la he trabajado echando cuentas y más cuentas  para ampliar mi conocimiento sobre aspectos cuantitativos de la realidad y ser consciente de problemas relacionados con mi vida cotidiana y laboral. Lo de resolverlos, desgraciadamente, no está en mis manos. Algunas operaciones básicas han bastado para tomar conciencia del tiempo que le estoy robando a mi hija, de las jornadas laborales abusivas y alegales (no es errata) que me están obligando a hacer y de la mierda que vale mi trabajo, a juzgar por lo que resulta de dividir entre las horas de cada jornada de asistencia a tribunal lo que la Conejería paga por día.

3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el medio físico.

Es la habilidad para interactuar con el mundo físico, tanto en sus aspectos naturales como en los generados por la acción humana, de tal modo que se posibilita la comprensión de sucesos, la predicción de consecuencias y la actividad dirigida a la mejora y preservación de las condiciones de vida propia, de las demás personas y del resto de los seres vivos.

Anda que no he interactuado con el medio físico. Y lo que llevo aprendido de modo significativo, signifique lo que signifique. Podría calcular la amplitud térmica en Granada, deducir la temperatura del asfalto cuando el aire marca 40º, predecir que mañana lo voy a pasar muy mal cuando la ola de calor alcance sus cotas máximas, … Lo que todavía no sé es que me aporta eso para la mejora y preservación de las condiciones de mi vida propia, de los opositores y del resto de los seres vivos, incluido el presidente de mi tribunal.

4. Tratamiento de la información y competencia digital.

Esta competencia consiste en disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar y comunicar información, y para transformarla en conocimiento. Incorpora diferentes habilidades, que van desde el acceso a la información hasta su transmisión en distintos soportes una vez tratada, incluyendo la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación como elemento esencial para informarse, aprender y comunicarse.

Si estás leyendo esto huelga que te cuente cómo he trabajado la transmisión de información utilizando las TIC. También he ejercitado la búsqueda de información en internet: sobre jornadas laborales, derecho a percepción de dietas, direcciones web de sindicatos… Total, que gracias a las TIC me he informado, he aprendido y me he comunicado. Paná…….

5. Competencia social y ciudadana.

Esta competencia hace posible comprender la realidad social en que se vive, cooperar, convivir y ejercer la ciudadanía democrática en una sociedad plural, así como comprometerse a contribuir a su mejora. En ella están integrados conocimientos diversos y habilidades complejas que permiten participar, tomar decisiones, elegir cómo comportarse en determinadas situaciones y responsabilizarse de las elecciones y decisiones adoptadas.

Sin duda, los últimos días me están sirviendo para conocer mejor la realidad social en la que vivo (una auténtica pena), para convivir con personas que se morirían por estar donde yo estoy, pese a lo que me quejo, y para ejercer la ciudadanía democrática denunciando situaciones injustas. Ahora bien, lo de elegir cómo comportarme me está costando más, porque ya he estado tentado varias veces de hacer una locura y mandar todo esto a la mierda y al final no lo he hecho. En este aspecto tengo que mejorar mucho, pero no dudo de que conforme vayan pasando los días lo conseguiré (mandarlo todo a la mierda y hacer una locura).

6. Competencia cultural y artística.

Esta competencia supone conocer, comprender, apreciar y valorar críticamente diferentes manifestaciones culturales y artísticas, utilizarlas como fuente de enriquecimiento y disfrute y considerarlas como parte del patrimonio de los pueblos.

Aunque tal vez sea la competencia que menos he trabajado en estos días, debo reconocer que el hecho de que la sede de mi tribunal esté en un edificio histórico de comienzos del siglo XX suponía un buen recurso para su desarrollo. Lo malo es que ya me conozco de memoria este edificio, porque el horario compartido diurno/nocturno que me perpetraron los dos jefes de estudios del curso 95-96, en que para mi desgracia ejercí como profesor en expectativa de destino, con sus ventitantas horas de huecos me dio tiempo a desarrollar plenamente mi conocimiento de esa maravilla arquitectónica que es el IES Padre Suárez, Cárcel Padre Sudores para los damnificados en él.

7. Competencia para aprender a aprender.

Aprender a aprender supone disponer de habilidades para iniciarse en el aprendizaje y ser capaz de continuar aprendiendo de manera cada vez más eficaz y autónoma de acuerdo a los propios objetivos y necesidades.

Esta experiencia me está sirviendo mucho para ser capaz de continuar aprendiendo de manera eficaz y autónoma sobre la iniquidad, la impericia, la falta de escrúpulos y de cerebro de ______________ (Actividad de espacios en blanco para refuerzo).

8. Autonomía e iniciativa personal.

Esta competencia se refiere, por una parte, a la adquisición de la conciencia y aplicación de un conjunto de valores y actitudes personales interrelacionadas, como la responsabilidad, la perseverancia, el conocimiento de sí mismo y la autoestima, la creatividad, la autocrítica, el control emocional, la capacidad de elegir, de calcular riesgos y de afrontar los problemas, así como la capacidad de demorar la necesidad de satisfacción inmediata, de aprender de los errores y de asumir riesgos.

Esta competencia, sintiéndolo mucho, me niego a trabajarla sobre mí mismo. Porque si la persona que me incita a ser responsable, perseverante y autocrítico (no te jode), que me pide que controle mis emociones, calcule riesgos antes de actuar y demore mi necesidad de satisfacer inmediatamente mis derechos (por ejemplo), es la misma que me obliga a trabajar en las condiciones penosas y alegales que vengo denunciando… que se aplique esta competencia a sí misma para dar ejemplo.

Nota 1: Aunque no soy un experto en competencias básicas, tengo entendido que las recomendaciones de la UE que tanto se han alegado en este tema incluían una novena competencia que, por arte de magia, ni el gobierno español ni las Comunidades Autónomas  han incluido en ninguna de sus regulaciones. Podríamos llamarla “la competencia perdida en España”, y versaba sobre el fomento de la cultura emprendedora. Hay quien alega que se obvió esta competencia no fuera a ser que se desarrollara de manera tan efectiva que la ciudadanía terminara emprendiéndola a gorrazos con las administraciones educativas.

Nota 2 aclaratoria y fuera de contexto: En un foro de opositores  un candidato  preguntaba si alguien sabía qué escriben los vocales en sus libretas. No sé los demás, pero yo muchas veces tomo apuntes para tratar de mejorar mis clases, o alguna referencia de internet que no conocía. A veces, no lo niego, sólo hago el gesto de escribir para que una persona alicaída sepa que alguien le escucha con atención, y que lo que dice, mejor o peor, me importa.

 
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Publicado por en julio 7, 2010 en Actualidad, Oposiciones, Sistema Educativo

 

Canción triste de un vocal de oposiciones (2).

Los servicios de inspección calculando las horas reales de trabajo de los miembros de los tribunales de oposición.

Jornada 4: En la que se resumen las jornadas precedentes y el vocal reflexiona sobre los aprendizajes significativos adquiridos en ellas.

En el fondo no es para tanto. Me quejo por vicio. Hoy son las 16.30 y ya estoy de vuelta en casa. Eso sí, ha ayudado la no comparencia a las 7.00 de dos opositores y el haber prolongado un poco la mañana hasta las 15.30. Total, desde las 8.00 que he empezado (porque el presidente y la compañera Teresa se bastan para reducir y encerrar a las 7.00 al primer candidato de la jornada), sólo han transcurrido siete horas y media, la primera jornada laboral casi legal desde que empezaron las exposiciones orales.

He de reconocer que mi presidente había diseñado un calendario de trabajo (aceptado por todos los vocales sin rechistar) absolutamente científico. Se nota que tiene mucha experiencia en esto.

La idea de comenzar el viernes con una jornada de 14 horas, que tanto critiqué hace días, fue absolutamente brillante. Tras el fin de semana de descanso, las jornadas de 11 horas del lunes y martes deberían haberme parecido idílicas y bucólicas. Igual Juan de Dios todavía está esperando que le reconozca que soy un exagerado y que esto no es para tanto. Pero por mí puede esperar sentado, o haciendo una sentada con sus camaradas de CCOO. Ya tengo dudas de si son mis  compañeros y representantes o los interlocutores de la patronal en las cosas que, personalmente, me afectan. En lo demás, no entro.

Pero con lo que no contaba mi presidente es con los elementos naturales, tan dados últimamente a funcionar contra toda lógica. Porque, contra lo que cabría esperar en el mes de julio, las temperaturas han tenido un fuerte ascenso desde el lunes, y las 11 horas de jornada, cuando se sobrepasan los 40 grados y se trabaja con ventanas cerradas y luz artificial, se hacen tan poco llevaderas como las 14 horas del viernes.

En cualquier caso debo reconocer que cada día voy obteniendo aprendizajes significativos que me ayudan a programar mejor la siguiente jornada. A este paso, cuando esta condena acabe estaré tan aclimatado que voy a lamentar recuperar la LIBERTAD. Os pongo varios ejemplos que han aliviado un poco las jornadas del lunes y martes.

– El viernes aprendí que era tontería intentar volver a casa para el almuerzo. Comer en algún lugar cercano a la sede del tribunal ayuda a prolongar el descanso, con el insignificante daño colateral de que hoy, tras dos días comiendo fuera, el monillo pelúo me ha retirado la palabra y se ha echado a llorar cuando he querido cogerla en brazos al entrar. Claro que igual no lo ha hecho por venganza, sino por el tufo a sobaco rancio que irradiaba.

– El lunes aprendí que el cuscús del FRESCO  se me repite, así que para evitar sufrimientos mayores a los opositores del turno de tarde he comenzado a preocuparme por mi dieta, lo cual, en el fondo, me hace bien.

– El lunes me aprendí los horarios del autobús de Alfacar a Granada, y comprobé que cuando no entro a las 7.00 y no me importa llegar un poco más tarde a casa puedo usar el transporte público, que por cierto, ha subido un 20% desde el 1 de julio.

Total, que, gracias a lo que he aprendido en estas cuatro primeras jornadas, mañana podré afrontar mejor otra etapa reina, una jornada prevista de 7.00 a 20.00.

Recordatorio 1: Llevar nevera con agua fresca y hielo, que Granada está en alerta  porque se prevén temperaturas superiores a 40º, alguno menos en el interior del aula de exposiciones gracias a que nadie se queja por la falta de oxígeno y podemos trabajar con las ventanas cerradas y luz artificial.

Recordatorio 2: Llevar una mochililla con toalla, jabón y desodorante. Aunque no pueda ducharme, un refrescón de sobacos es lo menos que puedo hacer para que los opositores de la tarde puedan exponer sin taparse la nariz, que falta les hará para capturar algo de oxígeno, porque aunque esté a elevada temperatura dicen que es imprescindible para la supervivencia.

Recordatorio 3: Decirle a Belén que el lunes, cuando lleve a la niña al pediatra, me compre un desodorante de los que no te abandonen a la décima hora de trabajo (si es que existe).

Recordatorio 4: Cambiar el despertador a las 5.50.

Recordatorio 5: Imprimir alguna foto mía en formato A4 para que el monillo pelúo no me olvide.

 
 

Canción triste de un vocal de oposición. (Relato breve en jornadas)

Jornada primera. Del primer día de pruebas horales (también orales) y de las enseñanzas prácticas que aporta.

Granada, 2 de julio de 2010

5.50 a.m. Suena en la alarma del móvil Soy un pobre granadino, de Los Planetas. Café y zumo,  porque espera una jornada larga. Nada sólido apetece a estas horas, aunque seguro que a las 11.00 me estarán sonando las tripas. Entro al baño, pero sin El País Semanal, que suelo leer a lo largo de la semana a golpe de retrete,  no sea que se me vaya el santo al cielo y llegue tarde el primer día.

A las 6.10 debo estar saliendo de Alfacar. Ventaja del madrugón: tendré sitio libre en la zona más cercana al IES Padre Suárez en la que no hay que pagar por aparcar, a unos 15 minutos caminando. A las 6.30 se camina fresquito por la avenida. Es un paseo agradable, aunque nada que ver con el que me estaría dando por el Parque de La Sierra de Huétor Santillán, como cada mañana de julio del año pasado.

Llego al centro  quince minutos antes del inicio de la sesión, un poco antes que el presidente, pero después que el grueso -tal vez la totalidad- de los opositores, y me da tiempo a tener mi rato de charla subversiva con las conserjes. Sé que tampoco lo pasan muy bien estos días, y al menos mis soflamas nos entretienen y hacen reír.  Llega el presidente y se activan los sensores: llaves, bolsa con las bolas, acondicionar el aula, programaciones del día en la sala…

Se citan los 13 aspirantes de la jornada y nadie ha faltado. Bien hecho. Si hay que suspender, que te suspendan otros, nunca tú mismo. Por otra parte pienso: -Hasta las 22.00 no estaré de vuelta en casa esta noche-, y sólo son las 7.00.

Mientras el primer aspirante novel saca las bolas y comienza su encierro, empezamos la mañana con dos exposiciones de compañeros interinos… La suerte está echada.

(…)

11.00. Descanso para café, suizo a la plancha y meada. Se necesita y se agradece la deferencia. Por supuesto, la cantina del instituto está cerrada, y hay que salir, pero afortunadamente estamos muy céntricos y la oferta es amplia y variada en las inmediaciones. Imagino que es un factor que se tiene en cuenta al elegir las sedes de tribunal. Se produce un intercambio de impresiones con los colegas sobre el desarrollo de lo que va de jornada, sin mencionar nada parecido a notas concretas, que no es bueno influir ni ser influido hasta el momento de la verdad.

De vuelta al aula de examen pasamos por delante del grupo de opositores que queda para el resto de la mañana. Espero que no me consideren altivo por no pararme a charlar, que me apetecería, pero me da palo pensar que puedo ponerles más nerviosos. También me da palo mirarlos fijamente al pasar, no vayan a creer que estoy empezando a evaluarlos antes de tiempo.  Conclusión: apenas saludo con un gesto cuando paso a su lado y después me siento gilipollas.

11.30. Comienza la segunda tanda de exposiciones del día.

(…)

14.30. La mañana ha terminado tras 7 horas de  escuchar opositores. Comienza la pausa para el almuerzo.

La mejor manera de definir el concepto de amplitud térmica es comparar la temperatura que había a las 6.30 de la mañana en mi trayecto del coche al Padre Suárez, con la que hay a las 14.40 en el mismo trayecto recorrido en sentido inverso, y para más inri, ahora cuesta arriba.

Llego al coche con la camiseta como un trapo de secar suelos y descubro que la cosa puede empeorar. Por la mañana, casi de noche, no caí en que a estas horas hace ya un buen rato que el coche está a pleno sol, y no le puse la protección.  Por suerte tengo aire acondicionado, pero el golpe de entrada y el tiempo hasta que comienzo a notar su efecto es demoledor. Cuando a los 20 minutos estoy llegando a casa la cosa es bien distinta, ahora el aire acondicionado  ha conseguido secarme o helarme parte del sudor. No, si al final cogeré una pulmonía.

Entro en casa un poco cascado de coco, pero me cambia el chip la llamada de los genes. Esa  voz infantil femenina que, en tono tirando a cochinillo degollado, grita:

– ¡Babbbaaa! ¡Babbbbba! ¡Abbba¡

Responde al nombre de Carmen Marcela, tiene diez y nueve meses y deduzco que esta mañana ha estado con su madre en la piscina de plástico que ayer montamos en el jardín. Me he perdido la inauguración, pero sus ansias de que la lleve al jardín y la manera de señalar la piscina me hacen saber que le ha gustado y lo ha pasado bien.

– No nena, papá no puede. Tiene que comer rápido y salir de nuevo a ganar dinerillos.

Hago con los dedos el consabido gesto, que ella asocia ya con papá saliendo de casa, y responde: -¡Nononononono! ¡Nononono!-, con cara de cabreo.

Bueno, no tengo mucho tiempo para hablar con Belén del día, porque son las 15.00 y a las 15.45 debería estar saliendo para no ir justo de tiempo.

15.45.  Intento cerrar la puerta con sigilo, pero el monillo pelúo me ha detectado.

– ¡Babbbbba! ¡Babbbbbaaaaa! ¡Abbbbbbbbbaaaa!

No podrá ser. Por suerte mañana es sábado y podré estar un rato con ella en el charco. (Nota del editor: El sábado 3 de julio en Alfacar se produjeron durante la mañana tormentas de convección. La tarde permaneció nublada y gris).

15.46. La última vez que tomo gazpacho estando de tribunal. Afortunadamente, no ha tenido tiempo de asentarse. Mezclarse con una buena dosis de café y agitarse en  el estómago antes de ser digerido harán que me provoque menos ardor… O eso espero.

16.05. Ahora tengo todavía menos problemas para encontrar aparcamiento en la zona H, que parece un desierto. El sol tampoco importa, porque a las 21.20 se habrá pasado el calor. Lo malo: que aunque el  trayecto del coche al Padre Suárez sigue siendo ligeramente cuesta abajo, como esta mañana, la escasez de sombra, unida a un sol que da de pleno, castiga al vocal que se encamina a iniciar la segunda parte de su sesión de trabajo.

16.20. Ya veo el instituto como náufrago que ve un oasis. Pero voy empapado de sudor y frito de sed, así que hago un gesto al colega Eduardo, que está ya en la puerta esperando, para decirle que voy a por agua.

16.27. Aparezco en la puerta del aula de examen y llevo un botellín para cada compañero. Enseguida se echan la mano al bolsillo, pero no merece la pena. –La próxima ronda que la vaya pagando otro…

16.30. Comienza la segunda parte de la primera jornada. Malas noticias. El aula que por la mañana era bastante fresquita (dentro de lo que cabe) ahora es un poco calentita. Las contraventanas deben permanecer cerradas y se trabaja con luz artificial desde las 16.30 hasta las 20.30, sin más pausa que los minutos que un opositor caritativo ha restado a su hora de intervención, y que han dado para una meada y un cigarro.

20.30. Estoy un poco nervioso. Me da cosa pensar que  mis calificaciones de la jornada difieran mucho del resto de los compañeros, que no haya sabido apreciar detalles que ahora se comenten, que no sea capaz de poner cara a la persona que se corresponde con el nombre y la media página de anotaciones que tengo sobre cada intervención… Cada número es un suplicio, una sentencia para las personas que han ido desfilando esta mañana por el tribunal.

Se pasa mal cuando el opositor lo pasa mal, cuando notas que él mismo piensa que lo está haciendo fatal, porque sabe que podría estar haciéndolo mucho mejor;  que empieza a sentirse miserable y querer ser tragado por la tierra simplemente porque ha titubeado al recitar el nombre de esas dos o tres leyes y órdenes que todos se sienten obligados a citar con absoluto dominio. Qué pena que nos hayan dicho que no podemos hacer preguntas, porque considero que como mejor se conoce a una persona, sus cualidades, virtudes y defectos, es conversando relajadamente, intercambiando opiniones e ideas… Pero eso seguro que sería demasiado subjetivo para decidir quién tiene mejor madera de docente. Así igual hasta entraba yo. Ah, pero si yo estoy ya dentro. Menuda suerte tuve, pienso, cuando veo desde dentro lo complicado que es esto.

21.00. Hemos dejado las notas del día puestas en el acta y salgo para casa. La cuesta arriba por la noche se hace más liviana, pero el cuerpo, después de tantas horas sentado, la sufre igual. Por suerte, las flatulencias acumuladas durante la tarde favorecen la propulsión del vocal de oposiciones cuando la energía motriz muscular comienza a fallar. La naturaleza es un diseñador inteligente, como el que ha diseñado este proceso de oposiciones.

21.45. Estoy consiguiendo pasar por la puerta, y para mi suerte emocional, pero para mi desgracia física, lo primero que oigo es:

– ¡Babbbbbbbaaaaa! ¡Babbbbbbbbbaaaaaa! ¡Abbbbbbba! ¡Abbbbbbba!

– ¿Todavía está despierta?

– Sí. Como estaba entretenida jugando la he dejado para que la vieras despierta un rato.

– Habéis estado otro rato en la piscinilla por la tarde, ¿no? Uhhhh, uhhhhh, uhhhh. ¿Cómo hace el monillo pelúo? ¿Has visto la luna hoy? ¿Salimos al jardín a ver el monte de los lobos?

– Ttii.

Nota 1: Este pequeño relato no está basado en hechos reales. Describe situaciones laborales que todos sabemos que en la Andalucía del siglo XXI forman parte del pasado caciquil presocialista.

Nota 2, derogatoria: La nota 1 debe entenderse como parte del relato, pura ficción pseudoliteraria.

 
10 comentarios

Publicado por en julio 4, 2010 en Actualidad, Oposiciones, Personal

 

La jornada laboral en el Estatuto de los Trabajadores…. y en un tribunal de oposiciones…

Reza en el Estatuto de los Trabajadores, sección quinta artículo 34:

3. Entre el final de una jornada y el comienzo de la siguiente mediarán, como mínimo, doce horas. El número de horas ordinarias de trabajo efectivo no podrá ser superior a nueve diarias, salvo que por convenio colectivo o, en su defecto, acuerdo entre la empresa y los representantes de los trabajadores, se establezca otra distribución del tiempo de trabajo diario, respetando en todo caso el descanso entre jornadas.

Jornada laboral un día de tribunal en la prueba horal:

Comienzo a las 7.00 y fin a las 20.30. Descanso de hora y media para comer, y si tu casa está a media hora te las apañas para comer como los pollos y volver o comes de tu bolsillo cerca de la sede, que no se paga dieta de comida porque vives a menos de no sé cuantos kilómetros (12 km en mi caso).

Esto claramente viola el Estatuto de los Trabajadores (que ya sé que no es de aplicación a los funcionarios). Mi patrón, la Consejería de Educación, sería un delincuente si yo fuera un trabajador. Pero como debo ser un parásito que le cuesta el dinero al contribuyente, pues aquí me tienen, pagando el déficit público y trabajando 12 horas al día durante diez días al precio de un indonesio.

Tal vez alguien pueda pensar que estas horas de Tribunal son “horas extraordinarias”, y por tanto fuera de cómputo en la jornada laboral. En este caso, que ni lo sé porque mis supuestos representantes no saben darme explicaciones, el Estatuto de los Trabajadores contempla en su artículo 35 que

El número de horas extraordinarias no podrá ser superior a ochenta al año

Y en este caso el Tribunal supone unas cuantas más….

Qué suerte tienen los delegados sindicales de los docentes de no tener que aprenderse el Estatuto de los Trabajadores, total, como no es de aplicación al funcionariado, que nos machaque la administración todo lo que pueda, que se tapen bocas bajo amenaza de expediente y que nuestros delegados sindicales sigan de guardia en su despacho de la Delegación, con su aire acondicionado, bien fresquitos, y sin tener que empaparse de sudor a las 16.30 en un tribunal. Imagino que ellos están exentos de esta condena, si no ya se habría regulado de forma algo más humana, o incluso ventajosa.

A mis amigos sindicalistas (que los tengo) y a los que no lo son (ni amigos ni sindicalistas).